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Estoy demasiado cerca.


Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo

No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca
No es mi voz el canto del pez en la red
Ni de mi dedo rueda el anillo
Estoy demasiado cerca
La gran casa arde sin mí gritando socorro
Demasiado cerca para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño.
Estoy demasiado cerca, demasiado cerca.
Oigo el silbido y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo.
Él duerme, en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul.
Estoy demasiado cerca, para caer del cielo.
Mi grito sólo podría despertarle.
Pobre, limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel
Y tenía el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas.
Estoy demasiado cerca, demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

Wislawa Szymborska
Versión de Elzbieta Borkiewicz

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anonimo

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Conté siete oscuros días
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Ninguna se movía allá arriba
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Quizás no sea un largo tiempo.

Pero llevo un año
mirando en pie por el vidrio
Y ya pasó un día entero
condensando la ventana si respiro
Conté siete oscuros días
dibujando siluetas de hojas
Ninguna se movía con el viento
ninguna cayó al suelo.

Quizás no sea un largo tiempo
tan solo minutos
quizás solo unos segundos.

El viento, el frío, el invierno.

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Nadie se mueve allá afuera
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