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Retrato de Mujer - G. Rojas

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.

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Me consumes
Me fatigas  Me desarmas  Me aniquilas  Me matas  Me encantas  Te deseo  Un deseo  Mi deseo  Deseando té  Té en la mañana  Té al mediodía

Léeme. Embriágame. Destrózame.  Quiéreme, suicida, loco.  Maniático, perverso.  Quítame el frío.  Agítame.  Lléname la noche, lléname la vida.  Mi vida.

Y háblame.  Sobre todo dime algo.  Quiero oírte, y decirte..  Que te siento  Que al tocarme, eres como el viento.  Suave y dulce. Furia y fuego.  Cuando besas, eres tan extremo…  Que me impregnas de vacío,  y me dejas en silencio  Cuando marchas y no te veo.  Pienso en el momento que el sentido se hizo sentimiento;  y vibramos apretados.  Pensamos que éramos de acero.  Y así, se encontraron nuestras almas.  Así, construimos nuestro cielo.

anonimo

Insomnio

El viento, el frío, el invierno.

Quizás no sea un largo tiempo
tan solo minutos
quizás solo unos segundos.

Pero llevo un año
acostada mirando el techo
Y ya pasó un día entero
mirando el cielo negro
Conté siete oscuros días
sumando estrellas fijas
Ninguna se movía allá arriba
ninguna fugaz tan solita.

Quizás no sea un largo tiempo.

Pero llevo un año
mirando en pie por el vidrio
Y ya pasó un día entero
condensando la ventana si respiro
Conté siete oscuros días
dibujando siluetas de hojas
Ninguna se movía con el viento
ninguna cayó al suelo.

Quizás no sea un largo tiempo
tan solo minutos
quizás solo unos segundos.

El viento, el frío, el invierno.

Nadie se mueve allá afuera
nadie se mueve acá adentro.
Ni las estrellas brillan menos
ni los árboles pierden cuerpo.

Nadie se mueve allá afuera
ni el pájaro ha dejado su nido
Nadie se mueve acá dentro
ni siquiera mi frío reflejo.

Me veo tan quieta en el vidrio ni la humedad me nubla el reflejo
Afuera no vuela un viento
solo hace frío y eso es e…

Me enseñaste

El momento
ese en que llegaste
Sí,
fue disperso
me sorprendiste.

Puede que el miedo me nublara
quizás la sensación de estar en duelo,
y yo creyendo de piedra el corazón.

Los sentimientos,
la razón y la sorpresa.

De golpe, me negaba
no te quería usar,
usar
usar de amuleto
de excusa
de conformismo.

Tenía que suceder,
tenías que suceder.
A fin de cuentas
penetraste tan adentro
tan despacio y tan certero
que la razón se fue,
la sorpresa chillaba
y el corazón, ese corazón tan rojo
se acomodaba, cauteloso
se regocijaba. A veces la mente mía se quiere escapar
preferiría retroceder
pero una mirada tuya la frena.

Cuando mi corazón se encierra
esta el tuyo a flor de piel que si es valiente
y al mio no le da mas remedio que seguirlo.

Contigo me he reencontrado conmigo,
conmigo
aquella que estaba perdida
aquella que a veces se quiere perder aún
pero tus brazos son tan fuertes
que no puede,
que ya no quiere.

Ella,
yo misma,
aprende a aferrarse de manos y pies
con su boca en la tuya
pues sabe que no hay …